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Hoy, que las corrientes feministas radicales promueven la parternidad sin padre y que
algunas mujeres, con gran actividad en la vida pública, han llegado a la
maternidad sin concurso directo del hombre, por tanto sin padre, me parece
interesante recordar algo que el francés Tony Anatrella, experto en psiquiatría
social y consultor del Consejo Pontificio para la Familia, en su libro "La
diferencia prohibida" explica que la ausencia del padre es la principal causa
del retroceso en el bienestar de los niños. También es un factor crucial para
comprender la crisis actual de la familia.
Y es que, Anatrella advierte que la devaluación de
la función paterna tiene consecuencias sobre la estructuración psíquica de los
individuos y sobre la sociedad: debilitamiento de la imagen masculina,
trastornos de la filiación, aumento de las conductas adictivas, pérdida del
sentido de los límites (toxicomanías, bulimia/anorexia, prácticas sexuales reaccionales),
dificultades para socializarse, etc.
Por lo que se4 aprecia en el día a día se puede
decir que la sociedad actual valora mucho la figura de la madre. Es verdad que
ésta es una fuente de seguridad para el niño, pero la relación de la madre y el
hijo necesita completarse con la función paterna. "El padre es el que dice que
no (tanto al hijo como a la madre, lo que permite justamente diferenciar a los
dos padres), el que introduce la negatividad y el que declara la prohibición, es
decir el límite de lo posible".
La figura del padre es necesaria para el
desarrollo psicológico equilibrado de los hijos. El padre es el mediador entre
el niño y la realidad; permite al hijo tomar iniciativas, "porque él ocupa una
posición de tercero, de compañero de la madre, y no de madre bis" según
Anatrella. Gracias a la figura del padre, el bebé aprende a diferenciarse de la
madre y a adquirir autonomía psíquica. El niño descubre que él no hace la ley,
sino que existe una ley fuera de él.
Gracias a la relación con el padre, el niño y la
niña adquieren también su identidad sexual. "La diferencia de sexos encarnada
por el padre juega por otra parte un papel de revelación y de confirmación de la
identidad sexuada. Tanto la chica como el chico tienen en efecto tendencia, al
comienzo, a identificarse con el sexo de la madre, y es el padre, en la medida
en que es reconocido por ella, el que va a permitir al hijo situarse
sexualmente". Claro que es difícil que esto lo acepten quienes considera que el
sexo no es más que una construcción cultural.
Jesús
Domingo Martínez |