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Con gran expectativa leí los estudios de Ian Wilmut cuando hace unos años
mostró la oveja clonada, posteriormente, cuando anunció dedicarse a la clonación
humana perdió, para mí, la expectativa creada, consideraba yo que no era el
mejor camino, ya que considero muy diferente una oveja que un humano. Pero Ian
Wilmut, el creador del primer mamífero clónico, la oveja Dolly, ha anunciado que
abandonaba los experimentos de clonación con embriones humanos para trabajar en
la línea abierta por los estudios que se han publicado, basados en un
descubrimiento del científico japonés Shinya Yamanaka.
Desde mi punto de vista hace bien Wilmut en abandonar los intentos de
clonación "terapéutica". Pero la razón de más peso para dejarla no es que no dé
resultados, sino que "la investigación consumidora de embriones", como la llama
Jürgen Habermas, supone una deshumanización. "La insensibilización de nuestra
mirada sobre la naturaleza humana, que iría de la mano con el acostumbrarse a
tal praxis, allanaría el camino a una eugenesia liberal", advierte el filósofo
alemán (El futuro de la naturaleza humana, Paidós). Mensajes como este continúan
vigentes después de Yamanaka. No necesitamos turiferarios del cientificismo que
canten sus logros técnicos, sino una ética que los juzgue y someta a crítica.
Esperemos que la nueva ministra haya cogido la onda.
José Morales Martín |