Posiblemente, Yamanaka y otros, con la publicación de los
resultados de sus trabajos a finales del año 2007, demostraron que es posible
reprogramar células humanas diferenciadas para convertirlas en pluripotentes, o
sea, como las embrionarias. Esto no es ya traspasar la barrera del sonido, sino
"un giro copernicano", hasta el punto de que "la clonación terapéutica puede
haber quedado obsoleta", afirmó El País (21-11 -2007).
A los pocos días, lan Wilmut, el creador del primer mamífero
clónico, la oveja Dolly, anunciaba que abandonaba los experimentos de clonación
con embriones humanos para trabajar en la línea abierta por los estudios que
estaban a punto de publicarse, basados en un descubrimiento del científico
japonés Shinya Yamanaka. Esto "podría señalar el principio del fin de la
clonación terapéutica", decía el Daily Telegraph (16-11-2007).
Sin embargo, en ese debate el esfuerzo de quienes se oponen por
razones éticas a la destrucción de embriones no ha sido vano, si ha contribuido
a evitar que se impusiera sin resistencia la ideología tecnicista y a impulsar
que se destinasen más recursos a investigaciones respetuosas con el ser humano y
a la vez más fructíferas. En cambio, ahora se comprueba que los empeñados en
experimentar con embriones no estaban ayudando al progreso de la medicina
regenerativa.
En España, este descubrimiento deja obsoletas las aún recientes
leyes de investigación biomédica y reforma de la ley de reproducción asistida,
que levantaron el veto a la creación de embriones para experimentar y dieron
toda clase de facilidades para manipularlos. Nos dijeron que la clonación
"terapéutica" era indispensable para no perder el tren de la alta velocidad
científica, y hoy descubrimos que nos pusimos a transitar por vía
muerta.
Las declaraciones de Natalia López
Moratalla, presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica: "Las células madre
embrionarias han fracasado; la esperanza para los enfermos está en las células
adultas", y el nombramiento de la nueva ministra de ciencia y tecnología
(investigación y desarrollo), muestran que esas líneas de investigación, están
obsoletas.
Jesús
Martínez Madrid