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El 3 de marzo en la
Universidad San Pablo CEU (Madrid), se organiza un acto conjunto por la
moratoria del aborto solicitada por el que fuera ex -comunista y ateo Giuliano
Ferrara, director del diario italiano
Il Foglio y fundador de un Partido político en Italia. Giuliano envió una
carta-manifiesto al Secretario de la ONU para pedir que uniera a la moratoria
por la pena de muerte, la moratoria para la pena de aborto. Se le han unido
importantes personalidades del mundo de la cultura, de la ciencia, de la
política, etc. Lleva razón Giuliano: ¿No es una hipocresía pedir la moratoria de
la pena de muerte para unos y tolerar el aborto para otros, discriminando a los
inocentes? Como Presidenta de la
Asociación Cultura de la Vida, deseo y pido la abolición inmediata de el
genocidio fiero y sangriento del aborto, que ha masacrado ya a mil millones de vidas humanas y dañado
a tantísimas madres. Cualquier ley de aborto es injusta e inmoral, y un
coladero. Bastan los atenuantes de la ley general para casos límite (no
obstante, hay madres heroicas dignas de alabanza, pues por nada consentirían la
matanza de su hijo). Dicen y es falso, que hay hijos no deseados. Todas las
madre queremos, y mucho, a nuestros hijos (muchas prefieren morir a hacerles
daño). Lo que existen son hijos inesperados o que se presentan cuando la madre
está pasando una difícil situación. A la mujer necesitada no hay que volverle la
espalda ni abocarla al aborto, sino proporcionarle cuantas ayudas necesite para
salir de su penosa situación y llevar adelante su estado de buena esperanza. En
eso se distinguirán las sociedades socialmente avanzadas, de las retrógradas y
homicidas que abocan a las madres al aborto. La maternidad es la grandeza mayor
de la mujer, incluso una vocación. Me echaría a reír, si no fueran las ganas de
llorar, cuando oigo a ciertos políticos presumir de progresistas por figurar el
aborto en su programa electoral. Que lo que se oculta en el vientre de la mujer
embarazada es un niño, no cabe hoy duda a la ciencia, que desde hace treinta
años comprueba el inicio de la vida humana en el instante mismo de la unión del
óvulo con el espermatozoide formando el cigoto. Que es un niño el fruto del
vientre materno, lo indicó siempre el sentido común. Sólo los ignorantes o
maliciosos usan los términos "amasijo de células" o "producto de la concepción" para
referirse al niño nonato e impulsar
el aborto como "interrupción del embarazo". Buscan despistarnos con eufemismos, en aras de una ideología racista, de
rechazo a los pobres y de un negocio, todo ello en la base de la propagación del
aborto, crimen nefando. Hace unos días supe de las lágrimas de una muchacha
inmigrante cuando vio la imagen de un niño abortado. "Yo fui a abortar sin saber
lo que hacía"- confió a su amiga, que estuvo a punto de hacer lo mismo pero
reflexionó antes-. ¿ Qué explican en los abortorios? Nada, pues temen perder a
la clienta. Ni siquiera se atreven a mirar el "producto de la concepción" para
evitarse sobresaltos con la dura realidad.
El aborto no es interrupción de la vida como si de apagar temporalmente
la luz la se tratara. Es cargarse al niño, matarlo. Quiero agradecer en primer
lugar a la Iglesia, su firmeza en defensa de la vida; también, a Giuliano
Ferrara y a cuantos se empeñan en difundir la cultura de la vida frente al
horror del aborto.
Josefa
Romo |