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Lo leemos, lo escuchamos, lo vemos y la mayoría de la gente
permanece casi fría e indiferente. Dentro de poco ni será ya noticia.
Los humanos tenemos una capacidad ilimitada para asimilar cualquier
cosa por horripilante que sea. Pasamos ya de todo y seguimos adelante como si
las mayores brutalidades que a diario conocemos no nos
concerniesen.
Se trata de lo que todos los medios, apenas iniciado el
año, han trasmitido a sus destinatarios.
Según datos oficiales
contabilizados, España superó por primera vez en 2006 los 100.000 abortos. Es
decir, unos 278 niños -inocentes e indefenso ellos- se les impide cada día
nacer aquí en España. Triste record.
Si yo fuera director de
cualquier medio, pondría en portada o en primera, varios días, hasta provocar
nauseas, esta horrorosa noticia, que por su gravedad supera todas las demás y
que al parecer, deja indiferentes a muchos españoles. No se ve ni se
nota -fuera de algunos conocidos grupos-una reacción masiva a tal
monstruosidad. Nos entretenemos, mientras tanto, con otras cosas menos
impactantes y frívolas. Eso sí, ponemos el grito en el cielo por cualquier
noticia que nos llega contra los bienes, la salud, la contaminación, la
seguridad, la convivencia o la paz entre ciudadanos. Se ha perdido el sentido
de la proporción y no nos atrevemos a llamar a las cosas por su nombre. Por
lo que a mi se refiere esta noticia la calificaría de genocidio a la española
o de terrorismo blanco, que cubre de sangre a niños inocentes en el mismo
seno de sus madres. Escalofgriante. ¿Exagero?. Juzguen como quieran.
Miguel Rivilla
San Martìn |