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Qué difícil es hoy encontrar en nuestro entorno un
espacio de silencio. Los Ipods, la música de fondo en los comercios, los
transportes y hasta en el teléfono, ruidos sin interrupción, palabras y más
palabras, nos quitan el respiro tan necesario que el alma nos reclama. Los
sentidos se satisfacen a todas horas pero el alma, esa desconocida que vive en
nosotros, es relegada al último puesto. Benedicto XVI ha recomendado vivamente
ese tiempo de expansión mística que tiene lugar en los retiros espirituales. En
ellos se bebe la luz y la dulzura de Jesús poniendo a prueba nuestra generosidad
y que Él multiplica por cien al que es capaz de dejarlo todo para seguirle,
aunque sea sólo por un fin de semana.
Lucía Rivera |