La monotonía cansa y hasta disgusta. Todo necesita un cierto
toque de variedad para hacerlo más atractivo y sugerente. Una pincelada de
color, sobre una superficie lisa y sin adorno alguno, llama la atención. La
vista se centra en ella y descubre algo distinto a lo que en el resto de ese
plano existe. Es algo parecido a lo que ocurre cuando se navega en la mar
rodeado de oscuridad durante horas y horas y de pronto aparece el destello de un
faro.
Se pone empeño en reconocerlo para que nos ayude a comprobar si
tenemos algún error en la navegación; si estamos bien situados o nos hemos
desviado. Tal vez podíamos haber corrido peligro de seguir rodeados por la
monotonía de la oscuridad, por la falta de información nueva y bien contrastada
que nos ayude a rectificar nuestro camino en la vida.
La monotonía es falta de respuesta a cuanto sucede a nuestro
alrededor; es el paso de la vida sin prestar atención a lo que ocurre. A un día
le sucede otro igual y sin variar postura se sigue contemplando la nada.
Cualquier variante es cubierta con el velo en el que aparece lo de siempre, lo
que a toda costa se quiere que sea la interpretación de lo que en verdad ocurre.
Para qué pensar si ya todo ha sido pensado, te dicen quienes quieren dominarte;
esos que no se sienten cómodos cuando oyen otras opiniones distintas a las
suyas, aunque sean mínimas.
Sí; hay personas que piensan de otra forma porque la mente
humana tiene libertad para enjuiciar, para entender lo que ocurre y lo que puede
llegar a suceder como consecuencia lógica de hechos actuales y de la disposición
de la sociedad a aceptarlos o no. La mente necesita conocer la verdad aunque
ésta pueda motivarle alguna contrariedad, pues ese conocimiento es el que le
ayudará a rectificar alguna actitud en la vida que es contraria a esa libertad
que ansía y que le permitirá salir de esa postura, cobarde, de aceptación de la
monotonía.
Cada momento en la vida tiene una exigencia propia; una
exigencia que demanda respuesta porque la vida es acción. La vida es una
continua invitación a la creación de amor y paz entre la gente, a hacer ver, a
unos y a otros, que se les quiere de verdad y que nada de lo que ocurre se les
quiere ocultar para que, con toda libertad, se hagan responsables de su
caminar.
Ahí, en ese caminar de cada cual no puede haber insensibilidad
a cuanto ocurra, que será mucho y variado. No habrá monotonía mientras en la
mente y en el corazón se tenga algo de capacidad para razonar y para amar a la
verdad, algo de afán de servicio a la dignidad, sin dejarse llevar por arrebatos
sino actuando con serenidad y firmeza.
Gustaría oír otras cosas, distintas a las que se oyen. Se
necesita levantar el ánimo para luchar con ilusión por todo aquello que
dignifica al ser humano. Esa lucha en la que no cabe la monotonía, pues nada es
tan variado y atrayente como la felicidad de cualquier persona.
Manuel de la Hera Pacheco