La educación medioambiental comienza en la familia.

Por foro aragón liberal - 2 de Febrero, 2008, 21:15, Categoría: General

AGUSTÍN GARCÍA-GASCO
 
Toda familia necesita una casa a su medida. Del mismo modo, "para la familia humana esta casa es la Tierra, el ambiente que Dios creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad". Así nos lo plantea Benedicto XVI en su Mensaje de la Paz para el año 2008, en el que realiza un interesante paralelismo entre la defensa del medio ambiente como extensión del hogar de cada familia.

Toda la familia tiene que cuidar de su casa, de su hogar, y todo ser humano tiene que hacer lo mismo con el medio ambiente pues "ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio ordenador el bien de todos". Benedicto XVI nos anima a considerar hasta qué punto la familia es necesaria para que las personas salgan de su egoísmo y adquieran la perspectiva de que el propio bien forma parte del bien de todos.

El respeto por el medio ambiente no puede ser confundido con una adoración de la naturaleza como si fuera superior a las personas. El Santo Padre señala con claridad que "el valor del ser humano está por encima de toda la creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre". La adecuada educación medioambiental apunta en otra dirección: si se crean los hábitos adecuados, el ser humano es capaz de tener respeto por los demás y por el medio ambiente, es capaz de vencer el egoísmo y el afán acumulativo.

Para vencer el egoísmo, el Santo Padre invita a que reflexionemos acerca de que "las generaciones futuras tienen también derecho a obtener el beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros". Pensar en las generaciones futuras es algo propio e innato a la familia generadora de vida: los padres, los abuelos comprometen muchas de sus decisiones económicas, laborales, etc. en función del futuro de sus hijos y de sus nietos. Con frecuencia, aceptan esfuerzos y sacrificios para poder ofrecer a sus descendientes un futuro con mayor esperanza.

La justicia hacia los pobres también es presentada por el Papa como un sólido argumento para vencer el egoísmo. Aquellos que son excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creación tienen derecho a un desarrollo verdaderamente sostenible, que asegura el bienestar de todos respetando el equilibrio ecológico. La familia educa permanentemente en la necesidad de cuidar a sus integrantes más vulnerables y necesitados. Nadie puede quedar fuera de la mesa familiar en la que se comparte la comida fruto del esfuerzo, y también del diálogo y el intercambio de cultura y experiencias que acontece en cada familia.

El Santo Padre tiene bien presente que la humanidad teme por el futuro ecológico. Por ello, invita al ejercicio de la razón, a realizar las valoraciones con prudencia y esperanza, para favorecer el diálogo entre los expertos y entendidos, sin apremios ideológicos hacia conclusiones apresuradas, y para buscar la concordia sobre un modelo de desarrollo sostenible.

La prudencia en la consideración de los problemas ecológicos invita a distribuir con justicia los costes de la tutela del medioambiente. Para ello es imprescindible tener en cuenta, tanto el desarrollo de los diversos países, como la solidaridad con las futuras generaciones. Además, señala el Papa, hay que asumir el compromiso de decidir juntos, después de haber ponderado responsablemente la vía a seguir. El objetivo es fortalecer la alianza entre el ser humano y el medio ambiente, llamada a ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.

El cuidado del medio ambiente y la protección de la familia coinciden y se refuerzan cuando se reconoce a Dios como Padre de la humanidad. Ni la vida humana, ni el resto de la vida conocida, ni el mundo material se entienden mejor prescindiendo de Dios. Todo lo contrario.

La educación medioambiental es urgente. Todos tenemos mucho que decir, y no debe verse dificultada por prejuicios antirreligiosos. La familia se nos presenta por el Papa como la comunidad educadora que más fácilmente puede transmitir aquellos hábitos que nos permiten cuidar el medio ambiente con responsabilidad y con creatividad. En la familia se aprende la verdadera ecología humana, la que integra en el ser humano su dimensión corporal y su dimensión espiritual. Abrirse a la dimensión religiosa es reconciliarse con la propia naturaleza humana que lleva impregnada en su alma el anhelo de eternidad, don exclusivo del ser humano.

Con mi bendición y afecto.

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