Y hasta se echa de menos a quien hoy no se ha encontrado en el
camino de siempre y a la misma hora. ¿Qué le habrá ocurrido para que hoy no esté
por aquí?. Puede que esa pregunta no se haya exteriorizado, o tal vez sí se la
haya hecho llegar al amigo con el que se camina por un trecho común del andar
mañanero, y ello es una señal del interés que se siente por el bienestar de cada
persona. ¿Qué le pasa a cualquier persona en nuestra sociedad?.
Al día siguiente, si se vuelve a repetir esa ausencia, se
procura indagar la causa que la motiva y, para ello, se unen los esfuerzos de
ambos amigos, de esos que cada mañana tienen una pequeña parte de sus vidas en
común. Es una muestra de la disposición del ser humano por cualquier otra
persona, que siempre se agradece porque es necesaria esa amabilidad. No es
necesario más que un pequeño detalle para que el agradecimiento y la confianza
aparezcan.
Lo malo sería que esos dos que deben recorrer un mismo camino,
al mismo tiempo, lo hicieran discutiendo entre sí, sin prestar atención a lo que
les rodea. Dejarían de saber lo que ocurre a su alrededor y no estarían en
condiciones de dar respuesta adecuada; ni siquiera un detalle de amabilidad.
Cuando eso ocurre se llega a crear animosidad; disgusto en aquella gente que se
siente ignorada por quienes, un día, le ofrecieron una muestra de
sensibilidad.
Peor, aún más, cuando esas dos personas se distancian entre sí
y no llegan a conocer la verdad de lo que ocurre. Cada cual se hace una idea de
ello, la que le proporcionan unas fuentes, pero no llegan a ponerse de acuerdo
en la forma de apreciar la situación y en la solución a adoptar. Quienes sufren
esas desavenencias son los que han de recibir atención.
La sociedad, así tratada, se muestra disgustada, desorientada,
falta de motivación hacia un fin atractivo e importante para ella misma, para su
conjunto, y para todo lo que la rodea. Hay desconcierto y enfado en el interior
de la sociedad así tratada y ello trasciende más allá de sus propias fronteras,
creándose desconfianza a causa de esa descomposición.
En el desarrollo de una nación es muy mala cosa no caminar
unidos quienes tienen la responsabilidad de dirigirla. Hay que caminar unidos,
como esos dos amigos que, a primera hora de cada mañana, se encuentran con los
que van al colegio, a su trabajo y a comprar el pan y que se interesan por su
bienestar con palabras y gestos sencillos, llenos de sinceridad.
Manuel de la Hera Pacheco.