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A través de Popular
Televisión hemos podido ver reunidas en la Fiesta de la Sagrada familia, a más
de dos millones de personas en la madrileña Plaza de Colón y aledaños,
multiplicada esa cifra en los millones de personas que hemos seguido la
Concentración por televisión. Permítame, Sr. director, felicitar al Cardenal
Rouco y a cuantos han participado en la organización de tan formidable evento.
Han sabido poner al descubierto el valor y la fuerza de la familia, que pervive
a través de generaciones en todas las culturas. Quien tiene familia tiene apoyo
en la vida; quien no tiene familia, sufre la peor de las pobrezas y casi siempre
el mayor de los desconsuelos. ¿ Quién no ha sentido en los momentos más duros de
la vida, la calidad del apoyo de su familia, insustituible por otro tipo de
amistad? El calor de la familia es
el más barato y el que más calienta, el único que nos preserva del frío gélido
de la vida en los momentos más difíciles. Cuando no hay dificultades todo son
fiestas; pero aparecen en la vida y entonces sólo la familia tiene poder reconfortante. Sólo en la familia
se valora al hombre por lo que es y no por lo que tiene o por lo que pueda
llegar a ser, como muy bien expresó el Cardenal Rouco Varela. No entiendo que gobiernos que se
autoproclaman progresistas, menosprecien y nieguen protección y ayuda a la
institución más humana y
humanizante que ha existido, existe y existirá: la familia. ¡Qué pena!: algunos
si hablan de la vida es para arruinarla con el aborto o la eutanasia;
si hablan de la familia es para deshacerla con el divorcio exprés o con su
equiparación a formas efímeras de convivencia, alejadas del pilar del matrimonio
sólido, formado ahora y siempre por la unión estable y amorosa del hombre y la
mujer; si hablan de educación es para dividir a la sociedad y corromper a la
infancia y juventud. No quiero terminar esta carta sin un consejo que funciona
mejor que una varita mágica: si se está a punto de tomar una decisión que pueda
ser traumática para la propia familia, nos pongamos en manos de la Virgen. He
aprendido, por la experiencia, que Ella, Madre de la Familia y de la Vida, puede salvarnos en las situaciones más
comprometidas.
Josefa
Romo |