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Coincidiendo con la llegada
del AVE por primera vez a la capital del Pisuerga, con la ceremonia catedralicia
de los nuevos canónigos y con la lotería nacional, se celebró en Valladolid una masiva
Concentración contra el aborto en la Plaza de Fuente Dorada. Su lema: "Ante los
atropellos a la vida, no al aborto". Pasó desapercibida en los medios de
comunicación, pero eso no le restó importancia: desapercibidos han pasado
también hechos trascendentales de
la Historia de la Humanidad. Allí había más de quinientas personas. Poco a poco,
la Plaza de Fuente Dorada se fue llenando de un público numeroso entre jóvenes, niños
y adultos. Era la fiesta de la
vida contra el horror del aborto provocado. Los supuestos de despenalización, en
especial el de la salud spíquica de la madre, han resultado ser un coladero y
han servido para propagar entre algunos la falsa creencia de que el aborto es un
derecho de la madre. Para los casos límite, bastan los atenuantes propios de la
ley general. La ley del aborto sólo sirve para el reblandecimiento de la
conciencia. Se trata de la matanza de un ser humano inocente. La criatura no es
parte de la madre como lo son las uñas y el cabello o una muela. Nadie está
facultado para torturar al nonato y
decretar su muerte. Como en el caso de la esclavitud, aquí sólo cabe la
abolición de una ley inicua e hipócrita. El aborto es aberrante, regresivo y
antidemocrático. Los poderes
públicos deben prestar ayudas a las madres con problemas. ¿Qué debemos hacer los
ciudadanos ante la atrocidad del aborto, puesta de relieve estos días por la
Prensa? Callar, ¿no es complicidad
por omisión?
Josefa Romo. ( de la
Coordinadora por la vida) |