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Según los últimos sondeos, 10 millones de españoles
asisten cada domingo a Misa. Sorprendentemente, 10 millones la consideran
suficientemente importante como para acometer el sacrificio del deslazamiento.
¿Y qué obtienen a cambio? La Misa, acto de Dios, reverbera sobre la superficie
de la Tierra derramando innumerables bienes entre sus habitantes. El Sacrificio
de Cristo impregna el mundo creado con sus beneficios y hace del hombre que
asiste a ella más digno del Cielo. En Ella todo un Dios se ofrece como víctima
de propiciación por las ofensas continuas que se le infligen y recibe la
adoración que las criaturas le tributan. Quien abandona la práctica dominical se
autodestruye espiritualmente y su alma ya no es capaz de captar la voz de Dios,
que aún y así no pierde su afán de conquistarlo para Él.
Eva Catalán
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