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Afirman los psicólogos que la preparación de la Navidad
es conflictiva: tensiones al volante por los colapsos en las ciudades, ansiedad
en las aulas y entre las madres de familia frente a los gastos y la organización
de las fiestas, aumento de divorcios, personal sanitario saturado por falta
de suplentes… Pero, ¿qué es lo que nos pasa? La Navidad, esa gran fiesta de la
que todos deberíamos disfrutar por la envergadura a la que va ligada nuestra
vida, se convierte en una celebración esquizoide llena de agitación y perversión
de su último sentido. Las Navidades no son un cumplimiento de un rito, no son ni
siquiera una excusa para las reuniones familiares. Eso ya sería mucho si
sirviera para generar unas relaciones entrañables llenas de comprensión y cariño
que nos acercaran en lugar de alejarnos. La Navidad es el recuerdo del
acontecimiento vital en la historia: un Niño que nace para darnos su Vida en
cada vida, para darnos a conocer qué es lo que conviene hacer para lograr la
verdadera felicidad. La Navidad no es consumismo febril ni ansiedad premeditada,
sino, ante todo, un parón para reflexionar qué camino hemos tomado y adonde nos
lleva, ¿a Dios?.
EVA CATALÁN |