En Aragón Liberal 13.11.2007. Enseñadme a perdonar, de Miguel Aranguren
Por: Colaborador
¿Quién
logra imaginárselos, felices de camino al matadero? Arrastraban el
cuerpo entumecido a causa de los golpes, las muñecas ensangrentadas por
las apreturas de las sogas... Pero caminaban felices...
Enseñadme a perdonar
ALBA, 26 de octubre 2007
¿Quién logra imaginárselos,
felices de camino al matadero? Arrastraban el cuerpo entumecido a causa
de los golpes, las muñecas ensangrentadas por las apreturas de las
sogas. Sus oídos habían escuchado todo tipo de insultos, de
indignidades y muchos de ellos llevaban días sin dormir por las
hinchazones y las quemaduras. Pero caminaban felices, convencidos de
que les aguardaba un destino de gloria, entre los empujones de los
verdugos e, incluso, los insultos del populacho que llegaba a lanzarles
piedras y salivazos. Algunos eran viejos y otros jóvenes que
abandonaban una vida de promesas, esfuerzos y honores. Los llevaban en
fila india bajo el escondrijo de la nocturnidad o a pleno sol, para
escarnio y venganza. No sabían de política, no honraban a emperadores
ni presidentes, no distinguían entre monarquías y repúblicas, entre
rojos y azules.
En algunos casos los verdugos querían que el espectáculo se
prolongara, así que les golpeaban la boca con piedras hasta saltarles
los dientes, o les hacían comulgar excrementos o les hundían en el limo
del río hasta casi asfixiarlos. Y las víctimas no dejaban de rezar, sin
rencores, por más que cada prueba multiplicara el dolor físico de la
anterior. Adivinaban en aquella corona de gloria una horrible ofensa al
Padre amoroso de todos los hombres, también el de sus asesinos, al que
rogaban para que el perdón que renovaban a cada instante moviera Su
corazón como el de Jesús en el madero, cuando cargó sobre su agonía la
maldad de sus verdugos.
La Iglesia los venera como venera a aquellos primeros cristianos que
perdieron la vida entre los zarpazos y los mordiscos de las fieras, en
las cruces que jalonaban los caminos del oprobio.
¿Quién logra imaginárselos, felices de camino al matadero? El alma
vibrante, limpia después de una confesión o de ese tiro que actuaba con
la misma eficacia que la absolución. No son los mártires de quienes
ganaron la Guerra. Tampoco de quienes la perdieron. Son los mártires
que interceden por los que aún no sabemos perdonar.
www.miguelaranguren.com