 Detrás
de las pretensiones laicistas hay una concepción totalitaria del Estado. Según
esta mentalidad, el Estado es una especie de Ser Supremo que viene sobre
nosotros y nos dicta cómo tenemos que vivir.
Monseñor
Fernando Sebastián
No
debemos obsesionarnos con el asunto del laicismo. Pero sí conviene estar alerta.
Porque la ofensiva
sigue. Y no podemos dar un paso atrás.
El
periódico Público, muy cercano
al PSOE, ha
confeccionado y puesto en el candelero lo que llama los 10 mandamientos del
laicismo. En realidad son una barrera para excluir al
cristianismo de todo lo que sea vida social. Los resumo.
1.
Educarás en
igualdad. Se entiende, en la igualdad impuesta del laicismo ,
sin ninguna referencia a Dios ni a religión alguna, ni siquiera a la
trascendencia del ser humano.
2.
No sermonearás fuera
del púlpito. Que quiere decir, las manifestaciones religiosas
sólo se pueden tolerar dentro de las Iglesias. Hay que eliminar la enseñanza de
la religión en las escuelas.
3.
No impondrás tus
símbolos al Estado. Los actos oficiales tienen que ser
estrictamente laicos. Excluyen los funerales de Estado y hasta las bodas
católicas de la familia real.
4.
No mezclar lo terreno
con lo celestial. Ni himnos ni banderas ni autoridades en las
ceremonias religiosas, ni signos religiosos en nada oficial.
5.
No acaparar las
fiestas del calendario. Pretenden quitar fiestas religiosas y
hacer festivas las conmemoraciones civiles.
6.
No invadir las
instituciones públicas. Fuera los capellanes de hospitales, los
castrenses, la existencia del Arzobispado Castrense.
7. Apropiarse del
patrimonio. Que la Iglesia reconozca la propiedad pública de
Catedrales, Museos, Monasterios.
8.
Facilitar la
apostasía. No necesita explicación.
9.
No aparecer en los
medios públicos. Hay que eliminar los programas religiosos en
los medios de comunicación estatales.
10.
Ni un duro para la
Iglesia. Ni siquiera es aceptable el sistema de poner la cruz en
la declaración de la renta.
O
sea, la
Iglesia, los católicos, la religión cristiana no merece la consideración ni la
ayuda que merecen el deporte, o el cine, o los concursos de belleza.
Solo les falta pedir
que nos pongan una multa por ser católicos.
Contra
estas agresiones del laicismo, nosotros afirmamos tres puntos difícilmente
cuestionables.
Primero. Los
ciudadanos tenemos perfecto derecho a vivir y actuar religiosamente en
todos los ámbitos de nuestra vida, personal, familiar y social,
según nuestra conciencia y a medida de nuestros deseos. Ninguna autoridad humana
nos lo puede prohibir justamente.
Segundo. La
autoridad civil, cuya
razón de ser es el servicio de la sociedad, está obligada a proteger y favorecer
la libertad de los ciudadanos, también en el ejercicio de su vida religiosa y
moral tal como de acuerdo con su conciencia decidan
hacerlo.
Tercero.
Los ciudadanos
católicos, como los demás, tenemos pleno derecho a intervenir en la vida
pública en cuanto tales y tenemos el deber y el derecho de
aportar al patrimonio común los bienes culturales y sociales que provienen de
nuestra experiencia religiosa.
Detrás
de las pretensiones laicistas hay una concepción totalitaria del Estado. Según
esta mentalidad, el Estado es una especie de Ser Supremo que viene sobre
nosotros y nos dicta cómo tenemos que vivir. Pero la realidad no es
así. En el ordenamiento de la vida social, primero es la
persona, como
concreto real existente, y con la persona, la familia, en la
que nacemos, crecemos y vivimos. Después viene la sociedad, cada
vez más amplia, más abierta y más universal.
Desde
dentro de la sociedad y de la sociabilidad humana nace la organización -el
Estado-, que los ciudadanos nos damos para facilitar la convivencia y fomentar
el bien de todos en libertad y justicia. Es el Estado el que tiene que
ajustarse al ser de la sociedad a la que tiene que servir, y no al revés. Esto
es la esencia de la democracia. Y lo contrario es dictadura y
totalitarismo.
En el
caso de la religión, el Estado lo único que tiene que hacer, que no es poco, es
proteger la libertad de los ciudadanos para que cada uno pueda ejercitar y
manifestar libremente su propia religión, según su propia conciencia, sin
molestar ni atentar contra la libertad ni los legítimos derechos de nadie. De
manera que la recta
laicidad, lo mismo que la no confesionalidad, consiste en que el Estado proteja
la libertad religiosa de la sociedad y de los ciudadanos para practicar la
religión que quieran, sin beligerar en cuestiones religiosas que
quedan fuera de su competencia.
Si los
católicos españoles queremos seguir siendo libres y responsables, tendremos que comenzar a tomar en
serio estas cuestiones. No es un asunto de los Obispos, sino que
es algo que concierne directamente a toda la sociedad y a todos los ciudadanos.
Lo que está en juego
no son los privilegios de los curas, sino la libertad de los ciudadanos
españoles para vivir libremente según su conciencia. En el fondo
está la gran cuestión de si es el gobierno el que tiene que estar al servicio de
los ciudadanos tal como son y como quieren ser, o bien son los ciudadanos los
que tienen que someterse a los gustos y preferencias de los gobernantes.
El
Estado es laico no para suprimir la religión, sino para facilitar el que los
ciudadanos puedan ser religiosos o no según su conciencia y puedan profesar
tranquilamente la religión que mejor les parezca, con todas las consecuencias,
privadas y públicas. Llega la hora de que los españoles seamos de verdad
ciudadanos y tomemos la determinación de ser los protagonistas de nuestra vida,
exigiendo a los políticos y a la política que actúen realmente al servicio de la
sociedad, sin dirigismos y sin excederse en sus competencias ni en sus
atribuciones. ¿Queremos vivir en una sociedad de
hombres libres que orientan su vida según su conciencia, o queremos vivir en una
sociedad dominada y dirigida dedicándonos simplemente a vivir como nos digan?
Esta es la cuestión.
+Fernando Sebastián
Aguilar
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Cuando
nos encontramos próximos a la celebración del Día de la Madre, con frecuencia me
vienen a la cabeza unas palabras que San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus
Dei, solía repetir cuando alguna madre de familia numerosa se dirigía a él en
los encuentros catequéticos que mantuvo por España y Latinoamérica hacia el
final de su vida. Antes de responderle, recordaba con gracia a todos los
presentes el dicho de que «la maternidad embellece». Esta realidad que comporta
la maternidad contrasta hoy con la abundancia de tantos centros de estética,
algunos de ellos muy especializados. La proliferación de este tipo de
establecimientos es señal de que existe una creciente valoración por la imagen
que uno da.
Y
bien mirado, podemos decir que una madre tiene algo especial. Es algo que le
confiere una belleza peculiar y única. No se trata solamente de una cuestión
hormonal o física. Se trata de algo más profundo. La relación que se establece
entre una madre y sus hijos la transforma, y ese cambio, que es interior y
trasciende fuera, la embellece.
No
es difícil ver que las madres tienen un papel insustituible en la vida de sus
hijos. Escribía el Dr. Nagai, médico japonés que trabajó mucho tiempo en un
orfanato, que «nuestra infancia es feliz porque podemos llorar. Sabemos que si
lloramos nuestra madre vendrá y nos consolará. Una persona mayor no puede llorar
a gritos, sólo un niño que tiene madre puede hacerlo». Había observado que si un
huérfano llora, los demás se reían de él. Entonces éste aprende a la fuerza la
astucia de contener las lágrimas. Probablemente no haya peor mal para una
persona que sentirse solo y poco comprendido.
Además
de saber consolar a sus hijos, la madre también les ofrece algo impagable: una
sonrisa sincera. Trabajar o convivir con una persona que sonríe habitualmente
tiene un influjo en el resto de la gente, que se aprecia cuando esa persona se
marcha o se ausenta. Así, cualquiera que haya visto a una madre jugar y
divertirse con sus hijos habrá tenido un comprensible deseo de ser capaz de
mirar igual que ella. Los ojos de la madre revelan que algo se ha encendido por
dentro. Y esa sonrisa todavía es más preciosa cuanto más dependiente sea el
hijo. Es el caso, por ejemplo, de un bebé o de un hijo que sufra una
discapacidad.
¿Qué
le pasa a una mujer cuando corresponde al don de la maternidad? Le pasa lo más
grande que le puede ocurrir a una persona: aprende a querer con toda su
interioridad. Una madre vive para su hijo. Casi sería más preciso decir que se
desvive por él. Habrá días luminosos y otros días más nublados, o incluso con
tormentas; podrá haber bonanza económica o quizá se vivan momentos de recorte
presupuestario en casa. Pero toda madre sabe que es capaz de sonreír y de
consolar a su hijo, aunque las circunstancias no acompañen o se encuentre rota
por dentro. Es capaz de elevarse por encima de sus capacidades con tal de ayudar
a sus hijos. A partir de entonces, el bien de los hijos es fuente de alegría
para una madre.
Hoy
más que nunca esta relación puede aparecérsenos como difícil o utópica. Parece
que los valores actuales apuntan en otra dirección. Estamos acostumbrados a
medir la eficacia de nuestras acciones en función de nuestro interés o en
términos económicos. Quizá por eso a muchos la maternidad les parezca una carga
incomprensible. Y en cierto modo tienen razón. Porque la maternidad es un
misterio. A una madre se le ha confiado algo único: cada hijo es irrepetible y
portador de una esperanza. El vínculo que se genera lanza a los padres, y en
particular a la madre, a una aventura diaria con cada hijo. Y en un mundo como
el nuestro que busca seguridades y teme comprometerse, la madre generosa goza de
un gran atractivo por cuanto ha asumido el riesgo de la auténtica hazaña: la
entrega abnegada por el bien del otro.
La
relación de una madre con sus hijos llega muy hondo. Romano Guardini reflexionó
sobre este misterio: «¿Cómo ama la madre a su hijo? ¿Cómo nace ese amor? La
madre ama ya, por su disponibilidad para concebirlo, al que no existe todavía
pero se formará un día con su propia sangre. Más tarde, siente agitarse dentro
de sí algo viviente, y su amor crece a medida que se desarrolla ese cuerpo
distinto al suyo. Y ella, la madre, tiene conciencia de ese amor y cree en el
sentido y cumplimiento de la existencia de ese hijo. Y cuando éste nace y lo
mira en sus brazos, sus ojos se tornan capaces de una clarividencia más
profunda, pues su corazón ha hecho ya un largo aprendizaje en la escuela de la
paciencia y del amor».
La
maternidad embellece porque enriquece el corazón. Lo que hace grande a una
persona no es su sueldo o el poder que haya acumulado, sino su capacidad de
amor. El amor de una madre por su hijo poco tendrá de romántico y mucho de
sacrificado y desinteresado. El auténtico amor es el que lleva a entregarse y
desvivirse por el bien del otro. Toda madre lo sabe. Y todos —puesto que todos
somos hijos— las admiramos.
Tomás Baviera Puig |
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Tras los múltiples ataques del PSOE (desde el Gobierno y desde el
partido) a la Iglesia, especialmente, después de la celebración de la Fiesta de
la Familia el 30 de diciembre en Madrid y el documento anterior a las últimas
elecciones, no han cesado las críticas hacia la Iglesia y hacia las familias
cristianas.
Por si estas intenciones no estaban claras, la primera medida que ha
anunciado el nuevo gobierno Zapatero, por boca de su vicepresidenta, ha sido la
revisión de la ley orgánica de Libertad Religiosa. Con ello se anuncia, sin
duda, un nuevo paso en el proyecto laicista del Gobierno, María Teresa Fernández
de la Vega, anunció en el Congreso que el Ejecutivo revisará la ley orgánica de
Libertad Religiosa "para adecuarla al pluralismo actual y garantizar el
ejercicio del derecho fundamental de la libertad de conciencia". Como es bien
conocido, el Gobierno de Zapatero ha tratado en la anterior legislatura de
confundir la aconfesionalidad del Estado recogida en la Constitución, con un
laicismo beligerante con la doctrina católica.
Según las palabras de de la Vega, el Gobierno quiere reformar la ley
orgánica que data de 1980, para "adecuarla a las nuevas circunstancias y al
pluralismo religioso" que caracteriza a "la España de hoy". Ya sabemos lo que
entiende por pluralismo religioso, por aconfesional y por laicidad, nada que ver
con la realidad, para ellos todos esos conceptos son puro laicismo.
Parece que con estas medidas, además de querer mantener el apoyo
electoral que le han prestado sectores más radicales, se promueve una campaña
política contra la Iglesia Católica por parte del laicismo radical, que se
apresura a censurar cualquier expresión religiosa con el fin de expulsar a la
religión de nuestra sociedad.
Xus D Madrid |
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Es un hecho patente en nuestra sociedad que el
investigador científico constituye uno de los tipos humanos de mayor prestigio.
Pero es también innegable otro hecho: la creciente preocupación por los efectos,
poco deseables o positivamente destructores, de ciertas investigaciones
científicas. El hombre de la calle sabe que la carrera de las armas nucleares,
químicas y biológicas se disputa en el secreto de los laboratorios de
investigación. El árbol de la ciencia da abundancia de frutos sabrosos. Pero
también da algunos amargos y venenosos. La ciencia no puede trabajar de espaldas
a los valores éticos. Hay ya suficientes pruebas de que el optimismo
cientifista, dejado libremente a su propia dinámica, puede alcanzar resultados
maléficos. Algunos abusos cometidos en la realización de ciertas investigaciones
han venido a recordarnos dramáticamente que la indagación científica -al igual
que cualquier otro aspecto de la actividad humana- debe supeditarse a los
principios morales comunes. El problema se puede presentar cuando quien ha de
legislar carece de los valores sobres los que debe legislar.
JD Mez Madrid
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La plataforma contraria a la Educación para la
Ciudadanía está integrada por sesenta instituciones. Según expuso Leonor Tamayo,
portavoz de Profesionales por la Ética, una de las asociaciones alentadoras de
la objeción de conciencia, como una manera de encararse a la laicista
disciplina.
En relación con al papeleo de las objeciones de
conciencia, la plataforma suscita que se presente en las Consejerías de
Educación antes que en los institutos y que éstos obtengan un duplicado de la
instancia. "El cauce natural es el colegio, es éste el que la tiene que
tramitar", afirmó Leonor Tamayo. Sin embargo y para que a los institutos, "ante
los problemas que sufren, no se les presente la situación de no saber qué hacer
con las objeciones de conciencia", la plataforma ofrece canalizarlas sin
franquear la institución educativa.
Tamayo, asimismo notificó acerca de los recientes
datos sobre las objeciones de conciencia contrarias a la disciplina Educación
para la Ciudadanía exhibidas por las plataformas de los progenitores, que
sobrepasan las 30.000 reclamaciones. Sin embargo, la portavoz de Profesionales
para la Ética, opina que "debe haber muchas más, porque numerosos centros las
entregarán al final del curso".
Por otra parte, la justicia de la Comunidad
de Andalucía no ha tenido más remedio que aprobar el torcimiento paradigmático
de la asignatura Educación para la Ciudadanía. El primer veredicto contrario al
texto arribó de una audiencia andaluza ante la que una dama había reivindicado
la objeción de conciencia. En este momento, el Tribunal Superior de Justicia de
Andalucía ha refrendado como abolidos algunos enunciados incluidos en las
Órdenes de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía que precisan los
currículos de Primaria y Secundaria Obligatoria en aquella colectividad
andaluza. El fallo ordena que una vez que la sentencia sea indisoluble que, el
mismo Tribunal Supremo, sea el que decrete sobre "la cuestión de ilegalidad" de
los Reales Decretos que afectan a la puesta en marcha de esta asignatura
laicista, Educación para la Ciudadanía.
La legitimidad pone así en peligro esta disciplina
justo cuando algunas comunidades autónomas del Partido Popular se hallaban
prontas para doblegarse ante el adiestramiento laicista proyectado por el
Gobierno de Zapatero.
"El rechazo a participar en la ejecución de una
injusticia no sólo es un deber moral, sino también un derecho humano
fundamental. Quién recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no
sólo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal,
disciplinar, económico y profesional", afirmó Juan Pablo II.
CLEMENTE FERRER ROSELLÓ
Presidente del Instituto Europeo de Marketing,
Comunicación y Publicidad |
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La ideología de género,
surgida del feminismo radical, quisieron difundirla, a nivel internacional, en
la Conferencia Mundial sobre la Mujer, promulgada en Pekín en 1995.
Esta ideología parte de la
convicción de que la esposa ha sido utilizada por el marido a lo largo de la
historia, mediante la imposición de estereotipos sociales leoninos que la han
tenido retirada de la vida pública, destituida de derechos. Intenta implantar
una sociedad en la que todas las personas sean uniformes, una sociedad sin
distinción entre sexos en la que cada uno, aparte de las idiosincrasias
biológicas con las que germine, elija su propia identidad de género y su
orientación sexual.
El embarazo, por lo tanto, es
calificado como una injuria, una carga agobiante con la que la sociedad ha
castigado a la madre para dominarla y encerrarla en la esfera
familiar.
Uno de los fines del feminismo de
género consiste en destruir a la familia, a la que califica de " principal
fuente de opresión de la mujer". No se dan cuenta- o no quieren que nos la demos
los demás- de que la familia es liberación personal y una gran riqueza de la
sociedad.
Juan Pablo II aseveró que: "la
política familiar debe ser eje y motor de todas las políticas sociales" y que
"el futuro de la humanidad está en la familia, que es urgente que la familia sea
apoyada. Contra la cultura de la muerte, la familia constituye, la sede de la
cultura de la vida".
Clemente Ferrer
Roselló |
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Me parece lamentable que los borradores para la
Declaración de la Renta vengan ya con la "X" marcada en pro de los intereses del
Gobierno y se deban modificar para favorecer a la Iglesia. Muchos olvidamos que
gracias a Ella 10,5 millones de personas pueden acudir cada domingo a misa, o
que "Caritas" destinó en 2006, 184 millones de euros para asistir 30 programas
de labor social. También olvidamos que esta institución nos permite el bien
morir, recibir la primera comunión, los enlaces matrimoniales o la custodia del
mayor patrimonio histórico-artístico de España. A la Iglesia le debemos mucho
porque la Iglesia fue creada por Jesucristo para servir. Todos deberíamos acudir
a Ella para alimentarnos espiritualmente, por que al final, ¿de qué le sirve al
hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?
Lisa Justiniano |
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Ayer asistí a una conferencia
pronunciada por Jesús Poveda, Presidente de la Asociación Pro Vida y Profesor de
la Universidad Autónoma de Madrid, al referirse a los abortos afirmó que: "Los
malos hacen muy bien el mal y los buenos hacen mal el bien". La preferencia por
el aborto resulta una carrera iracunda con una intención, zanjar la existencia
de la criatura que está en el seno de su madre, porque la joven cavila que tal
vez así arreglaría sus apuros. Ese es uno de las atroces estratagemas de la
interrupción voluntaria del embarazo (aborto). Porque el corazón de la mujer
sabe que jamás un acto infame puede transformarse en una palmaria solución. El
aborto es el comienzo de una recóndita desdicha que puede persistir años en lo
más profundo de las conciencias de las esposas que determinan eliminar el feto.
Los insuperables colofones que hermosean la existencia humana son las que
provienen del amor. Un querer que siempre cobija, ampara, se desvela y da lo
mejor de si mismo; al más frágil, al más desamparado, al más débil. Un cariño
que dice sí a su futuro retoño y a su existencia fascinante. Un amor que percibe
pujanzas para decir no a las coacciones mezquinas o a los hondos espantos. Una
ternura que reconoce que debe contraer la propia responsabilidad y hacer todo lo
posible para proteger al niño que ya ha comenzado a vivir en las entrañas de su
mamá. La mejor opción al aborto está en una sociedad más sensata, que instruya a
los jóvenes y al mocerío en la virtud de la castidad, que jamás consienta la
indiferencia hacia los dolientes o los frágiles y que aprenda a proteger la
dignidad del varón y de la madre, del chiquillo o del longevo, del no nacido y
del que nace con penosas carencias físicas. Todos podemos hacer mucho para
asistir a la joven en estado de buena esperanza, a no abortar, ya que casi
siempre éste origina ingentes
melancolías.
CLEMENTE FERRER ROSELLÓ
Presidente del Instituto Europeo de
Marketing, Comunicación y Publicidad |
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Es admirable la rapidez y
decisión del Partido ganador de las últimas elecciones democráticas celebradas
en España. Envuelto en la clámide del triunfador, enarbola como
cetro, la guadaña de la Muerte. "Españolas: os concederemos
el derecho a matar a vuestros hijos hasta las doce semanas de embarazo, que
podrán estirarse hasta las 22: Libertad". "Españoles/as: Disfrutaréis
del derecho de morir a la carta, cuando estéis cansados de vivir: Igualdad.".
"Camaradas/os, sin leyes morales anticuadas, basadas en
la identidad diferenciada del hombre y la mujer, seremos felices:
Fraternidad."
Palabras proféticas son que a España no la va a conocer
ni la madre que la parió. Ni la han podido conocer ni la conocerán los más de un
millón de niños a quienes el aborto no ha dejado llegar al
parto.
Escuchemos la llamada que Juan Pablo II nos ha dejado en
la Encíclica Evangelium Vitae : "Es urgente una gran oración por la vida , que
abarque el mundo entero " (E.V. nº 100). Empecemos a rezar, humilde
e intensamente. Apelemos a la ley natural, escrita en el alma de todos
nuestros representantes en el Congreso de todos los Partidos que lo
forman.
Que Santa María, Madre de
la Vida, ruegue por nosotros.
Margarita Mª
Fraga Iribarne
Presidenta Asociación
Evangelium Vitae. Madrid |
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Con unas ventas de más de 20 millones de discos a sus espaldas y con 4
Grammys consecutivos, el roquero Lenny Kravitz no teme sorprender con
afirmaciones del tipo: "Mi vida tiene subidas y bajadas pero Dios va
siempre conmigo", o "es necesario más amor en el mundo". Es fácil
contactar con su filosofía siempre que se esté abierto a que la
existencia de Dios nos trae una experiencia positiva, en la que el
amor se abre paso ante la indiferencia el odio o la envidia. Dios es,
de nuevo, encontrado y transmitido desde la música. Ojalá los
seguidores de Kravitz se planteen que merece la pena mirar a lo alto
para reencontrase consigo mismos y darle cancha a ese ente espiritual
que todos llevamos dentro llamado alma.
Lucía Rivera
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